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Contexto Histórico del surgimiento del presbiterianismo en Cuba

Las primeras noticias sobre el presbiterianismo las  encontramos en Escocia en el siglo XVI, que sigue  rígidamente el calvinismo, sosteniendo que la  suprema autoridad eclesiástica reside en el sínodo  o presbiterio de laicos y ministros delegados de  las varias Iglesias, esta se difunde rápidamente  por Europa, hasta llegar a los EE.UU., mediante  las sucesivas olas migratorias que a este país van  llegando, y así a Cuba, por medio de los  asentamientos norteños en la Isla en el año 1890,  y el esfuerzo de Evaristo Collazo, obrero  tabacalero que contribuyó a la fundación de otros templos en La Habana y Santa Clara.
Con la intervención norteamericana en Cuba,  llegaron los primeros misioneros conjuntamente  con los que venían atraídos por las posibilidades  de comercio que giraba en torno al puerto de La  Habana. La población residente de esta clase se  contaba por miles, y se calcula que durante la  estación de invierno venían cincuenta mil turistas  de EE.UU., lo cual brindaba nuevas oportunidades  comerciales, a la vez, una razón para la creación  de un templo donde poder dar razón de su fe.

Primera Etapa

 Se organizó la Primera Iglesia Presbiteriana - Reformada de La Habana (y en Cuba) el 26 de Junio de 1890, con la presencia del Misionero Rev. Anthony T. Graybill y teniendo como Pastor al Rev. Evaristo Collazo.

Rev. Evaristo Collazo - Fundador de la Presbiteriana

En el año 1890 un cubano llamado Evaristo Collazo Pastor al Rev. Evaristo Collazo - el 26 de Junio de 1890 se organizó la Primera Iglesia Presbiteriana de La Habana (y en Cuba), con la presencia del Misionero Rev. Anthony T. Graybill escribió a la Junta de Misiones de la Iglesia Presbiteriana en Nashville, Tennessee, diciéndoles que había iniciado cultos en diferentes lugares de Cuba siguiendo el orden de la Iglesia Presbiteriana y que deseaba que enviasen un Misionero a Cuba.

Poco tiempo después la Junta envió al Reverendo Anthony Graybill quién radicaba en México y hablaba español. Graybill visitó los lugares de predicaciones establecidos por Collazo durante el mes de Junio de 1890 y finalmente organizó la Primera Iglesia Presbiteriana de La Habana el 26 de Junio de 1890, y el Reverendo Evaristo Collazo fue su primer Pastor. Posteriormente, debido a la Guerra de Independencia de Cuba contra España y la incorporación del Reverendo Collazo como enfermero en el Ejército Cubano, la Iglesia Presbiteriana se cerró y finalmente se reabrió en el año 1900 durante la intervención de Estados Unidos en Cuba.

Rev. Anthony Graybill - Dos Hombres y una Visión

Descargar Sermón completo ->Sermón por aniversario 4 del 12 del 2011.pdf 47 KB

Así como en el relato bíblico aparece un varón macedonio clamando a gran voz ante el apóstol Pablo pasa a Macedonia”, de igual manera aparece Evaristo Collazo ante Anthony Graybill diciendo pasa a Cuba y ayúdanos”. Por eso es imposible separar a estos dos hombres cuando se habla del Presbiterianismo Cubano.

Uno de ellos, Evaristo Collazo, fue ubicado en el puesto de honor que le pertenece a raíz de nuestro Informe. El otro Anthony Graybill, si bien es cierto que siempre se le menciona, sin embargo su “visión” no ha sido plenamente reconocida, a tal extremo que nunca en nuestros 46 años de pastorado habíamos visto el rostro de Anthony Graybill en ninguna publicación, ni en ninguna Iglesia.

¿Por qué es importante Graybill? Su importancia no radica en haber venido a Cuba por un mes como misionero, hay quienes pasan años predicando en un lugar y dejan pocos recuerdos.

La importancia de este hombre es que fue capaz de tener una clara “visión” del futuro. Graybill fue capaz de ver lo que otros no hubiesen podido ver y fue precisamente su “visión” lo que le hizo actuar plenamente convencido de que estaba guiado por el Espíritu Santo cuando desconociendo lo normal en el presbiterianismo, él solo sin contar con ningún Presbiterio organizo la Primera Iglesia Presbiteriana de La Habana el 26 de Junio de 1890 y él solo ordenó como Ministro Presbiteriano a Evaristo Collazo. El mismo lo describió con estas palabras:

“Después de examinarlo en teología, sacramentos y gobierno y disciplina de la Iglesia y en presencia de de la congregación, Collazo fue ordenado para la obra del ministerio evangélico por la imposición de mis manos y las de los ancianos de su iglesia. Algunos de mis colegas pensaran que me he apresurado demasiado por mi propia decisión… Él ha dado evidencia satisfactoria de su capacidad para edificar a los hermanos en el Evangelio, y yo me vi forzado a asumir una de dos grandes responsabilidades: la de ordenarlo, o la de no hacerlo, contrariando a su Iglesia. Escogí la primera como la indicada por la providencia de Dios”.

Si hacemos un riguroso análisis histórico vemos que Collazo no tenía nada que perder, pero la acción valiente y audaz de Graybill pudo haberle costado desde una amonestación hasta una suspensión por haberse atribuido facultades mas allá de las que le correspondían. Felizmente no fue así y tuvo respaldo de la Iglesia a las decisiones que tomó.

Por todo eso es que hemos querido rescatar para la historia del Presbiterianismo Cubano la figura del Rev. Anthony Graybill y su retrato figurará desde hoy, junto al del Rev. Evaristo Collazo y del Misionero Rev. Dr. Joseph Milton Greene, otro visionario que se aventuró en 1906 a construir el primer Templo Protestante de La Habana, el cual todavía nos acoge para gloria de Dios, en la capilla anexa a nuestro Templo.

Para profundizar sobre el Contexto histórico cultural le recomendamos leer:

LA HABANA EN LOS PRIMEROS AÑOS DEL  SIGLO XX

 

Segunda Etapa

 Se reorganizó la Primera Iglesia Presbiteriana de La Habana el día 8 de Diciembre del año 1901, en la casa situada en Industria No. 39

Misionero Rev. Dr. Joseph Milton Greene, otro visionario que se aventuró en 1906 a construir el primer Templo Protestante de La Habana, el cual todavía nos acoge para gloria de Dios, en la capilla anexa a nuestro Templo.

Pastores

    Rev. Joseph Milton Greene

     (Dic. 8, 1901 -Jun. 6, 1917)

       

    Rev. Edward. A. Odell

    (Jun. 7, 1917 - Abr. 30, 1920)

       

    Rev. Primitivo M. Acosta

    (May. 1, 1920 - Ago. 1, 1928)

       

    Rev. Antonio A. Sentí

    (Ago. 2, 1928 - Nov. 30, 1938)

       

    Rev. Francisco García Serpa

    (Dic. 1, 1938 - Sep.1, 1950)

       

    Rev. Manuel J. Ossorio

    (Sep. 2, 1950 - Nov. 30, 1956)

       

    Rev. Alfonso Rodríguez Higaldo

    (Dic. 1, 1956 - Marz. 24, 1957)

     

    Misionera: Srta. Felina Llanes  

    (Sept. 1, 1949 - Ago. 1959)

    Rev. Raúl Fernández Ceballos

    (Mar. 25, 1957 - Jun. 1971)

     

    Pastor Asistente: Rev. Abí Castro

    (Ago. 1, 1959 - Sept. 1961)

    Rev. Orestes González Cruz

    (Ago. 1, 1971- Jun. 30, 1990)

       

    Presidente Consistorio:

    Dr. Isaac Jorge Oropesa

     (Jun. 30,1990 - Marzo 3, 1991)

       

    Rev. Héctor Méndez Rodríguez

    (Marzo 3, 1991 - actualidad)

LA HABANA EN LOS PRIMEROS AÑOS DEL  SIGLO XX

Durante el siglo XIX La Habana era prácticamente  una ciudad detenida en el tiempo. A pesar de que  había recibido desde muy temprano algunas  mejoras de la civilización moderna, estaba estancada, aplastada por la escasa visión del colonialismo español. A lo largo del mismo siglo XIX, la Ciudad de La Habana, había sufrido un proceso de expansión en que a la estructura en cuadrícula del casco antiguo se opuso una  organización territorial basada en el trazado de las calzadas, algunas calles fueron pavimentadas con macadán, sistema que entonces representaba un avance con relación a otros utilizado en la misma capital, los cuales mantenían las calles en mal estado.

La Zanja Real construida en el siglo XVI, que era la fuente principal para el  abastecimiento de agua de la población habanera, fue sustituida por el acueducto de Albear, además se produjeron mejoras en el transporte con la instalación de la línea de ferrocarril entre La Habana y Bejucal y su paulatina multiplicación. Esto favoreció a las comunidades con las zonas productivas aledañas y contribuyó al surgimiento y desarrollo de grupos poblacionales a lo largo de su recorrido.  En el orden económico, la ciudad se caracterizaba por el desarrollo agrícola en sus primeros tiempos, además de que ya para los años iniciales del siglo XVII se contaba con verdaderos latifundios ganaderos.

Así, en la zona apareció gran cantidad de árboles que facilitaron la explotación comercial. Al igual que las canteras de San Lázaro se constituyeron en una inapreciable fuente de materiales de construcción. Asimismo, con la esclavitud urbana y la presencia de los chinos contratados, apoyados en la legislación vigente, propiciaron un acelerado desarrollo económico que condujeron a la Isla a la participación de un mercado capitalista.  Entre los años 1833 y 1862, con el auge de la industria del tabaco y del cigarro en la capital, los chinos comenzaron a desarrollar sus propios mecanismos de subsistencia, lo cual dio origen a lo que se conoce como el Barrio Chino en las calles de Zanja, Dragones, San Nicolás y Rayo, y a una nueva comunidad cultural y económica en la ciudad.

A finales del siglo XIX, ante los cambios acaecidos y la permanente demanda de fuerza de trabajo para el desarrollo socioeconómico de la Isla, arribaron al país oleadas de norteamericanos, quienes tras la frustración de la independencia de Cuba se fueron estableciendo en nuestro territorio e invirtiendo sus capitales. Aunque los primeros registros historiográficos plantean que desde décadas anteriores de los rebeldes norteamericanos liderados por Georges Washington contra el dominio británico, ya Cuba era visitada y conocida por quienes habitaban las trece colonias, así por distintos motivos, criollos de la Isla frecuentaban el territorio norteamericano también desde antes de la guerra de independencia, entre 1775 y 1783; hubo cubanos que combatieron en esta y en la guerra civil entre el Norte y el Sur (1861-1865), y oficiales y soldados estadounidenses que lucharon por la libertad de Cuba durante las gestas de 1968-1895[1].

Desde el punto de vista de sus componentes estéticos, La Habana del siglo XIX se caracterizó por el uso indiscriminado de recursos formales neoclásicos y barrocos mezclados con los elementos aportados por los constructores locales en respuesta a los requerimientos del clima y a las actividades económicas propia de la colonia, y que convertidas en tradicionales fueron sancionadas en las propias ordenanzas de construcción.  En las primeras décadas del siglo XX, La Habana se convirtió en una de las ciudades más activas y cosmopolitas de América, fue el período propicio para el desarrollo de un espíritu de renovación e inversión arquitectónica y urbanista dentro del marco de los estilos que caracterizó la arquitectura del período del cual participó toda la nación, propio del anhelo de todos los cubanos de evidenciar los cambios que traería la modernidad en el nuevo siglo con el nacimiento de la República de 1902.

Nota:

[1] Vega Suñol, José. Norteamericanos en Cuba. Estudio etnohistórico.

Colección La Fuente Viva. Fundación Fernando Ortiz. La Habana, 2004. P. 6

 

Fuente: http://www.lajiribilla.co.cu/2006/n264_05/fuenteviva.html